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¿Son las Especies Invasoras tan dañinas como suponemos?

El Banco Internacional de Desarrollo tiene una política muy clara contraria a dar su apoyo a proyectos que puedan introducir especies invasoras.

06 febrero 2016 | Publicado : 05:54 (06/02/2016) | Actualizado: 06:04 (06/02/2016)

¿Qué son exactamente las especies invasoras, y cómo puede el Banco atenerse tanto al espíritu como a la letra de esta política?

Se define como especie invasora a cualquier especie que cause problemas para el medio ambiente, la economía o la salud debido a su capacidad de propagarse y tornarse dominante. Una especie nativa puede volverse invasora, si bien el término suele relacionarse con especies no nativas, “ exóticas” o “introducidas”.

Las especies invasoras tienden a llevar una connotación negativa: la mosca de la fruta causa estragos en plantaciones de cítricos, la trucha arco iris y la tilapia son voraces depredadores de los peces nativos, los eucaliptus convierten áreas enteras en desiertos y aumentan el número de incendios forestales, el pino elliottii invade los bosques nativos, el jacinto de agua obstruye los cursos de agua imposibilitando la navegación, y higo de cabo o dedos cubre las dunas de arena a lo largo de las costas en todo el mundo. La lista podría seguir y seguir.

Pero una consideración más cuidadosa nos revela que estas mismas especies pueden tener también sus ventajas. Muchas de las características que le permiten a una especie invasora convertirse en dominante pueden también ser útiles para desarrollar algunos proyectos, ya que a menudo logran sobrevivir bajo una serie de condiciones adversas, no requieren mayores cuidados, crecen rápidamente, y no cuesta mucho producirlas. La trucha y la tilapia son importantes fuentes de proteínas; el eucaliptus y el pino aportan madera, pulpa y resina; el Jacinto de agua suele utilizarse como planta ornamental en los estanques con peces; y el higo de cabo permite estabilizar taludes y zonas degradadas.

tLas especies invasoras también pueden alterar las interacciones entre distintas especies, produciendo resultados complejos. Tómese por ejemplo la guayaba. Si sale de su zona de cultivo, puede convertirse en un arbusto muy invasivo. Tanto, que hoy en día hay grandes áreas de las islas Galápagos cubiertas por bosques de guayabos. Pero a la tortuga gigante, las especies emblemáticas de las islas, le encanta la guayaba no nativa. La prefiere por mucho a la variedad autóctona. Luego de comerla, lleva en sus intestinos las semillas durante meses antes de despedirlas en sus deposiciones, lo que genera las condiciones ideales para su germinación. En la medida en que las tortugas contribuyen a dispersar la semilla –lo que les asegurará una fuente de alimentos en el futuro–, van haciendo que la variedad de guayaba autóctona y otras especies locales vayan retrayéndose, alterando definitivamente la estructura del bosque nativo.

Según la política del BID, “…el Banco no apoyará operaciones que introduzcan especies invasoras”. Sin embargo, el BID apoya el desarrollo de plantaciones de eucaliptus y pinos y financia la industria de la pesca de trucha y tilapia. A primera vista, esto parecería ir contra la propia política del Banco, pero en la práctica no es así. Esto se debe a que debemos considerar los riesgos de las especies invasivas caso por caso, realizando una evaluación de riesgo adecuada y siendo realistas. Por ejemplo, un cultivar de eucaliptus estéril plantado en una zona con abundantes lluvias difícilmente causará impactos ambientales negativos, y la introducción de la tilapia en un río que ya cuenta con esa especie de peces y que desemboca directamente en el mar también tendrá un impacto adicional menor sobre el ambiente.

De no existir suficiente información para poder tomar una decisión, deberíamos buscar soluciones que utilicen cultivares estériles o híbridos, o –mejor aún– buscar una alternativa que emplee una especie nativa. Además de las introducciones intencionales, debemos tener mucho cuidado de no introducir ninguna especie en forma inadvertida (por ejemplo mediante el uso de tierra contaminada, agua de lastre, o equipos no debidamente limpiados). Esto es particularmente importante en los casos en que trabajemos en áreas vírgenes o altamente susceptibles, como por ejemplo las islas.

Los daños causados por las especies invasoras representan una de las mayores amenazas a la naturaleza y los ecosistemas. La política del BID refleja ese riesgo. Mediante la realización de evaluaciones de riesgo específicas para cada proyecto, no sólo nos aseguramos de que el Banco no cause daño alguno, sino que también permitimos que sigan adelante proyectos de desarrollo, aportando resultados positivos tanto para el ambiente como para el desarrollo.

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