La economía ecológica hoy

Actualmente, tercer lustro del siglo XXI, la lectura y abordaje teórico de la cuestión ambiental, en términos globales, se realiza desde tres ángulos

16 diciembre 2014 |

El primero que deviene de las posturas de la economía neoclásica o neoliberal, que colocan al mercado como la única entidad que puede asignar precios eficientes, en contextos de recursos o servicios escasos y que tiene que ver con el principio de “el que contamina paga” cuyas bases conceptuales se ubican a partir del planteamiento de “la tragedia de los comunes” hasta el desarrollo de los derechos de propiedad y la internalización de externalidades en los análisis costo/beneficio. El ejemplo más reciente y más cercano es el derrame de contaminantes sobre el rió Sonora, en el estado que lleva el mismo nombre (en México), al que se le adjudicó una multa de 2 mil millones de pesos para su restauración (La Jornada, 2014).

Una y mil preguntas emergen de esta estimación: la más importante ¿Qué variables ambientales, sociales, económicas, incluyeron para la valoración? ¿Se puede valorar un ecosistema? Todo sin mencionar que el mercado, por más omnipresente que se le conciba (se llegó a asumir que el mercado se auto-regula), tiene en su seno potentes limitaciones y contradicciones que se reflejan en las crisis económicas recurrentes. Las cuales acercan cada vez más a un período turbulento de bifurcación o de fin del sistema capitalista.

El segundo enfoque, sostiene que para lograr los harto difíciles objetivos de conservación, el Estado es el que puede erigir acciones de comando y control. Ya que entre sus facultades está la de constituir políticas, leyes, códigos y normas para garantizar el buen uso de los acervos de recursos naturales, cuidar el medio ambiente y los cambios de uso del suelo en los territorios. Aquí la economía institucional ha elaborado complejos edificios teóricos (teoría de juegos). Entre los más destacados ejemplos está el programa de “hoy no circula” de la ciudad de México. Al igual que el mercado, el estado también incurre en deficiencias que no puede corregir. Valga agregar que éstos dos enfoques epistémicos ven a las economías como modelos cerrados, donde los ecosistemas se auto-restituyen ad infinitum.

Si bien como sabemos los ecosistemas tienen un alto grado de resiliencia, no por eso dejan de operar bajo umbrales que pueden no ser reversibles, y que una vez sobrepasados ya no se pueden renovar como acurre con los bosques primarios y otros tipos de ecosistemas. En todo caso, para hacerlo requieren de cientos de años. Y finalmente de manera más reciente el ángulo de lectura interdisciplinario que parte de las bases ecológicas para realizar análisis económicos, es decir, la economía ecológica.

Que trata de romper con esa visión monetarista (crematística, dirían los griegos), y construir otra bagaje teórico de ruptura epistemológica donde se construye el discurso a partir de la visión de que las economías, son modelos abiertos, porque en una especie de metabolismo se construye una interdependencia vital-natural entre el ser humano y la naturaleza. De manera que ambas traban una relación de inter-determinación, constituida-constituyente. De manera que si bien hay un efecto-apropiación (concepto multidimensional que se refiere tanto a cuestiones objetivas, subjetivas, políticas y éticas), también hay un efecto-rebote, es decir, de desapropiación, en un ciclo que se repite, en nuestros tiempos, en detrimento de la naturaleza: por ejemplo el cambio climático (el eterno retorno nieztcheano). Si bien la economía ecológica aún no ha podido plantear un modelo alternativo de vida, ha aportado elementos tanto conceptuales como instrumentales para leer la realidad desde distinto ángulo, v gr.

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